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APARTADO HISTÓRICO-BIOGRÁFICO

HISTORIA

La pequeña villa de Acilu se encuentra situada en los alrededores de Salvatierra. Este municipio alavés está ubicado a la derecha del río Alegría. Los límites jurisdiccionales de esta localidad eran, a mediados del siglo XIX, los siguientes: Langarica al norte; Luzcando y Alaiza, al este; Gauna y Adana, al oeste, y, al sur, Guereñu y Jáuregui. Acilu gozaba de una especial localización al encontrarse situada en una altura despejada y sana, en opinión de Pascual Madoz.

En 1599, la descripción del viajero Diego Cuelbis abonaba la idea de que una vez franqueado el paso de San Adrián había “un valle muy deleytosa, donde paresce Salviatierra, y en torno de aquesta yo he contado algunos veyntytres pueblos, villas y aldeas”. En 1617 el alemán Martín Zeiller declaraba que una vez en la Llanada se veían “alrededor muchas aldeas hermosas, buenos pueblos y lugarejos” y, una vez pasada Salvatierra apreciaban “campos fértiles a un lado y estériles al otro. Después de pasar sucesivamente por varias aldeas y de superar algunos altozanos, entraron en un valle semejante al anterior, todo él cubierto de aldeas numerosas, pueblos y lugares: todo el llano aparecía sembrado de trigo”. Charles de Sewrcy, en 1655, abonaba la monotonía de los sembrados de cereal diciendo que “en parte alguna he visto yo unos cultivos menos variados, sin huertos ni plantíos de árboles frutales”. En el viaje realizado por España y Portugal en 1672 por el francés Albert Jouvin, dice que al bajar el puerto de San Adrián “esa pequeña provincia aparece como una llanada de diez o doce leguas de ancha, bordeada de altas montañas, y llena de viñas y buenas tierras cubiertas de trigo y de innumerables aldeas”. El inglés Henry Swinburne, en 1776, decía que, entrando en Álava, atravesaron las llanuras más hermosas de Europa quedándose, a su juicio, mudos “para expresar su maravillosa fertilidad, la multitud de aldeas que se ve en todas las pequeñas elevaciones que presenta el suelo en aquella parte, los majestuosos bosques que se extienden junto a las sierras de pan llevar, y el aire de animación y de contento que notamos en las gentes que volvían del mercado; todas las casas de labor tienen su huerto, bien cuidado y floreciente”.

Históricamente, este pueblo estuvo integrado en la hermandad del Duque del Infantado y en él estaba situada la casa del ayuntamiento de Iruraiz. Navagiero decía en 1528 que muchos “de los lugares son del Duque del Infantado, que tiene, según dicen, por vasallos aquí más de cinco mil vecinos, y los demás pueblos son de otros señores”. La divisa de los del Infantado proclamaba desde la puerta del ayuntamiento la íntima relación de este linaje con Acilu y sus alrededores. En el viaje europeo de 1777 de José Viera y Clavijo, al salir por Álava, afirmaba que salieron a cumplimentarle “varias diputaciones del Solar de la Torre de Mendoza, y de los pueblos llamados de las seis hermandades, como vasallos del Estado del Infantado”. La inclusión en los territorios del duque provocó numerosos problemas de carácter fiscal y, sobre todo, los relativos a los repartos de pagos de ciertas cantidades al duque por diversas localidades. A principios del siglo XVII, entre 1605 y 1615, los labradores de las villas de Alegría y de los lugares de Añúa, Gáceta y Eguileta se enfrentaron a los vecinos de Acilu, Arrieta y Jaúregui con motivo del pago del reparto de más de cinco mil seiscientos maravedíes que debían entregar al Duque del Infantado. Entre 1536 y 1537, los Concejos de Acilu, Jaúregui y Arrieta se enfrentaron judicialmente, llegando incluso a instancias superiores como las de los tribunales de justicia de la Chancillería de Valladolid, con el Concejo de Adana en relación a no pagar el impuesto medieval de la martiniega al Duque del Infantado por algunas heredades situadas en el término denominado de Ayauregui.

 El licenciado Martín Gil, en su Visita Pastoral de 1556, asignaba a esta localidad un conjunto poblacional de diez vecinos además de los dos beneficiados de la iglesia parroquial de San Juan Bautista. El número de sacerdotes adscritos a una iglesia se concretaba en base a la capacidad de ésta, es decir, de las rentas que ingresaba cada parroquia. A partir de tales ingresos se definía el número de beneficiarios a ración entera (esto es, que podían mantenerse decorosamente con parte de los ingresos de la parroquial) o de media ración. En este mismo documento Martín Gil habla de la existencia de una ermita y una cofradía de San Miguel. Entre 1750 y 1755 se dirimió un largo y costoso pleito ante los tribunales de la Real Chancillería de Valladolid, en grado de apelación, con motivo de las disputas surgidas sobre la posesión de la capellanía fundada por Francisco Martínez de Iriarte (Caballero de la Orden de Alcántara y Secretario del Consejo de Hacienda) en la capilla de la Purísima Concepción de la parroquial de Gauna. Los pretendientes a esta posesión fueron el cura beneficiado de San Juan Bautista de Acilu, Blas Antonio González de Alegría, y Ambrosio de Esteibar, clérigo tonsurado natural de Foronda.

Ahora bien, con motivo de la guerra contra los moriscos, en 1570, el Duque del Infantado, como señor de Acilu y de otras localidades de su hermandad, elaboró un vecindario de los hombres aptos para acudir a luchar a favor del Rey de Castilla. En este recuento poblacional se habla de la existencia de dieciséis vecinos. A finales de la Edad Moderna, según los datos recogidos en el Censo de Floridablanca de 1786 vivían en Acilu setenta habitantes. Un siglo después, según los datos que nos ofrece el censo de 1888, el volumen demográfico de Acilu había descendido a algo menos del medio centenar de pobladores y, según el censo de 1970, su población se había visto reducida a unas treinta almas.

Acilu pertenecía, a mediados del siglo XIX, al partido judicial de Salvatierra donde acudían sus vecinos a resolver sus papeleos y conflictos judiciales. En cuanto a la  hermandad  y al ayuntamiento le correspondían los de Iruraiz, del que era la capital. El correo lo recibía de Salvatierra. Acilu distaba, según las estimaciones formuladas por Pascual Madoz, tres leguas de Vitoria y una y media de Salvatierra. A mediados del siglo XIX, cuando en Acilu vivían poco más de cuarenta personas, Madoz, afirmaba que sus tierras eran calidad y que contaba con unos caminos bien cuidados. Las relaciones con otras localidades de la propia hermandad y cuadrilla resultaban complicadas en ciertas ocasiones. Así, Juan Ochoa de Aberásturi, escribano del número y procurador de la villa de Alegría actuó judicialmente en 1624 contra los vecinos y concejos de Elburgo y Acilu con motivo de la elección del Procurador General de la Cuadrilla.
 
A pesar de que el término de Acilu resultaba bastante reducido poseía, al norte, un monte de robles y hayas con bastante arbolado. De sus informaciones estimaba Pascual Madoz que la calidad de las tierras de Acilu las dirigía hacia la labranza de cereales de todas clases (trigo, cebada y avena) así como legumbres (alubias, garbanzos y lentejas). De las huertas cercanas al pueblo se obtenían frutas y hortalizas. En mucha menor medida los labradores de Acilu también contaban con ganados de diversas especies. Acilu, a mediados del siglo XIX, disfrutaba de un buen molino harinero y en su río, se comentaba, que se pescaban excelentes truchas.

La relevancia de estos montes y bosques radicaba fundamentalmente en que, con el paso del tiempo, se fueron convirtiendo en la principal reserva de riqueza para hacer frente a los problemas financieros que, puntualmente, iban apareciendo en unas economías tan precarias. Ahora bien, en ocasiones, ni estos recursos servían para afrontar las dificultades económicas que se les avecinaban. La reducida cría de caballos y de ganado vacuno se acompañaba de la principal actividad productiva de esta zona: la explotación cerealística. A pesar de los índices positivos de principios del siglo XVI, la realidad es que la mayoría de los pequeños propietarios alcanzaban unos rendimientos productivos muy limitados. Tal era así que, con gran frecuencia, sobrepasaban con dificultad los niveles de subsistencia. A pesar de la presencia de un Arca de Misericordia, destinada a resolver los problemas de abastecimiento y, sobre todo, de la guarda de grano para la siembra, frecuentemente los agricultores de Acilu se veían obligados a tener que entrar en la llamada “espiral del crédito”, es decir, a pedir préstamos pecuniarios o en especie para mantener sus pequeñas haciendas. Habitualmente, una de las soluciones más manidas desde el siglo XVI hasta el XIX se concretó en la fundación, con ayuda de particulares, de un Arca de Misericordia donde los vecinos de estas localidades iban incluyendo pequeñas porciones de trigo a fin de poder utilizarlas cuando se produjesen malas cosechas o catástrofes naturales.

El aprovechamiento de montes y bosques se presentaba como uno de los recursos más habituales en el equilibrio de estas economías de subsistencia. Por todo ello, una de las principales preocupaciones de las autoridades locales consistía en la defensa a ultranza de cualquier accidente que se pudiese producir en estos terrenos comunales. Los problemas sobre abusos cometidos contra los montes y bosques comunales de Acilu y otras localidades se presentan como un elemento habitual. Igualmente, entre 1546 y 1548, los regidores de Acilu se enfrentaron con los vecinos del concejo de Adana en relación al cerramiento de un camino que pasaba por los términos de Adana en dirección hacia Ullíbarri-Jaúregui y la tierra de Araya. A fin de evitar algunas de estas penosas y costosas disputas, las propias localidades intentaban definir claramente cuáles eran las zonas de estos espacios de aprovechamiento comunal que correspondían a cada uno de los pueblos usufructuarios. Las tierras comunales y los montes servían expresamente para financiar, siempre con ciertas dificultades, las necesidades de la enseñanza primaria en estas pequeñas localidades de la Llanada alavesa. El Concejo de Adana disputó entre 1787 y 1788 un pleito con los Concejos de Acilu y de Jaúregui sobre la venta de los árboles de haya y robles que había arrancado un huracán en el monte de Lauribaso, que era de aprovechamiento común entre los tres lugares, el 12 de enero de 1787. Igualmente, los recursos forestales de los montes comunes de Acilu sirvieron durante varios siglos para financiar los gastos provenientes del reparo de los puentes y del camino del molino.

En este sentido, al igual que acaecía en un gran número de localidades rurales alavesas, desde fines del siglo XVI y hasta otro tanto del XIX, sus habitantes se vieron obligados continuamente a establecer concordias sobre la explotación de los pastos existentes estos terrenos comunales. Básicamente, se trataba de disposiciones normativas encaminadas a regular los problemas derivados de las capturas y/o apresamientos de ganado que se encontraba alimentándose en lugares prohibidos para ellos. De este modo, a lo largo de varios siglos, se fueron estableciendo continuos acuerdos sobre las penas y las prendarias del ganado mayor y menor. Otro problema habitual afectaba directamente a los incendios que se producían en los montes particulares y comunes de estas localidades.

 La portada de su iglesia, de arco apuntado con baquetones en arquivolta y trasdós, es del siglo XIII avanzado. La fábrica cuenta con una planta de salón, con cabecera recta perteneciente al siglo XIII constando de tres tramos de bóveda de cañón apuntado con arcos fajones. Su torre es de mampostería, con planta cuadrada y dos cuerpos. No debemos olvidar que desde las torres de las iglesias alavesas se media el tiempo y las actividades tanto del campo como de lo espiritual de los habitantes de estas localidades. Hasta la llegada y, sobre todo, profusión del uso de los relojes desde estos campanarios se iban indicando los fallas de cada día. Las actividades sociales más frecuentes de estas pequeñas localidades también se indicaban y medían mediante el tañido de las campanas de estas iglesias (nacimientos, funerales, llamadas a misa, toques de difuntos, etcétera). Por último y no menos importante, la presencia de elementos o situaciones peligrosas (incendios, tormentas, accidentes) se informaban a través de este metálico sonido. La torre de Acilu la construyó Juan de Echavarría, maestro cantero, y Pedro de Maturana, maestro carpintero. La cruz y la veleta, sin embargo, fueron confeccionadas por Manuel de Amézua y Francisco de Arrilucea, vecinos de Salvatierra y Alegría. También contaba la Condesa de Aulnoy, en 1692, que al cuidado de los caminos se añadía el de “repicar sin cesar las campanas para indicar a los viajeros los lugares a que pueden retirarse en caso de que el tiempo empeore”.

Al retirarse las tropas francesas, el 21 de julio de 1813, penetraron en la iglesia e hicieron daños, sobre todo, en el sagrario que debió ser prontamente reparado. El retablo, la Biblia de todos los oficios religiosos, el centro de las miradas de los feligreses, el espejo de la riqueza o de la austeridad de una u otra comunidad se presenta como uno de los ornamentos más relevantes de estas pequeñas iglesias. El retablo mayor consta de elementos del siglo XVII, enmarcados en la arquitectura del siglo XVIII tardía. Esta formado por un cuerpo principal de factura neoclásica con dos columnas mal jaspeadas, con capiteles corintios y arquitrabe también jaspeado. Cuenta con dos retablos laterales, de escaso valor, advocados a la Virgen del Rosario y a San José.

 

BIOGRAFÍA

GONZÁLEZ DE SAN ROMÁN, Juan (1551-¿?): Coselete de alarde.

Natural de Acilu. Participante en el alarde o reclutamiento de tropas efectuado en 1589 por Álava, a la edad de 38 años (con “pica y coselete entero con todas sus pieças”). Presentado como Coselete al alarde bajo el mando del Procurador de la Hermandad de Iruraiz, Juan López de Alegría, junto a otros quince jóvenes.

LÓPEZ DE GUEREÑU, Martín (Siglo XVII): Soldado.


Natural de Acilu. El 18 de agosto de 1656 se encontraba enrolado en las tropas, cien infantes, que la Provincia de Álava se había obligado a entregar a Felipe IV para la campaña de Cataluña. Participó como soldado por la Hermandad de Iruraiz.

MARTÍNEZ DE ACILU, Juan (Siglo XVII): Alcalde de Hermandad.

Natural de Acilu. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 19 de noviembre de 1618 se le efectuó el juicio de residencia por su actuación en el empleo de Alcalde de la Hermandad de Salvatierra. En 1623 nuevamente se le confirmó en este empleo efectuándole un nuevo juicio de residencia en 1624.

PÉREZ DE AGUNAZA, Juan (Siglo XVII): Alcalde de Hermandad.

Natural de Acilu. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 19 de noviembre de 1618 se le confirmó en el empleo de Alcalde de la Hermandad de Iruraiz.
 
Apartado documental: fuentes de archivo y bibliografía.

 

BIBLIOGRAFÍA

MADOZ, Pascual: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar. Madrid, 1845-1850.

ORTIZ DE ZÁRATE Y GALARRETA: Ramón: Compendio Foral de la Provincia de Álava. Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1983.

PALACIOS MENDOZA, Victorino: Patrimonio arquitectónico en la Cuadrilla de Salvatierra: elementos menores. Salvatierra, Cuadrilla de Salvatierra, 2002.

PASTOR DÍAZ DE GARAYO, Ernesto: Salvatierra y la Llanada oriental alavesa, (siglos XIII-XV). Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1986.

PORTILLA VITORIA, Micaela Josefa y alii: Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. Tomo IV. La Llanada Occidental. Vitoria, Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, 1975.

POZUELO RODRÍGUEZ, Felipe: Documentación municipal de la Cuadrilla de Salvatierra: municipios de Asparrena y Zalduondo (1332-1520). Donostia, Eusko Ikaskuntza, 2001.

SANTOYO, Julio César: Viajeros por Álava (siglos XV a XVIII). Vitoria, Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, 1972.

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Escribanía Quevedo. Caja nº 3627/2. Legajo nº 760.

ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Taboada. Legajo nº 388.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Taboada. Caja 1834/3.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº  647/3.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº 432/4.

(A)ctas de (J)untas (G)enerales de (Á)lava. Libro nº 17. Fols. 137r.-144r.

AJJGGA. Libro nº 33. Fol. 264r.
AJJGGA. Libro nº 15. Fols. 527r.-533r.
AJJGGA. Libro nº 9. Fol. 182v.
AJJGGA. Libro nº 10. Fol. 11v.
AJJGGA. Libro nº7. Fols. 137v.-144r.




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