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APARTADO HISTÓRICO-BIOGRÁFICO

LANGARIKA

Apartado histórico-artístico

 La localidad de Langarica afirmaba Pascual Madoz que estaba situada en un llano por lo que su vecindario gozaba de un clima saludable aunque algo frío en invierno al verse afectado por el viento del sureste. A mediados del siglo XIX, el plano urbano de esta localidad constaba de una veintena de edificios. Destacaba Madoz la existencia de una buena fuente de agua potable para las necesidades de sus vecinos. Los limites jurisdiccionales eran, por aquel entonces, los siguientes, con Gaceo, al norte; con Salvatierra, al este; con Chinchetru, al oeste, y con Acilu, al sur. Langarica, en su circunferencia, comprendía un despoblado llamado de “San Quílez” y un monte junto al pueblo bien poblado de árboles. Dice Micaela Portilla que Langarica pertenecía históricamente a la hermandad de Iruraiz y a su ayuntamiento. Al encontrarse en el vértice del triángulo que Iruraiz proyecta hacia Salvatierra se beneficiaba al aparecer en el camino que los negociantes de las rutas comerciales camino a Francia, por el puerto de San Adrián. El peligro en los caminos se advertía desde el paso de San Adrián. En 1628, Baltasar de Monconys decía que este paraje era muy peligroso “por los robos y crímenes que en él se cometen; un flamenco fue asesinado allí quince días antes de que pasáramos nosotros”. Albert Jouvin, en 1672, advertía de la conveniencia de hacerse acompañar de mulateros o arrieros a la hora de pasar por lugares apartados y peligrosos y, en 1725, el barón de Pöllnitz declaraba abiertamente que el camino hacia Bilbao era montañoso, “no se ven sino montañas y muchos bosques que sirven de refugio a los ladrones”.

 El apellido Langarica aparece varias veces documentado entre los cofrades de Álava hacia 1262 y en los libros parroquiales de Langarica desde 1407. Ahora bien sabemos que a finales del siglo XI esta localidad ya estaba poblada como lo refiere un documento de donación de Doña Toda Álvarez al monasterio de San Juan de la Peña. En 1257, en la carta del obispo Aznar aparece adscrita esta localidad el Arciprestazgo de Eguílaz.

 Langarica pleiteó con el concejo de Salvatierra por la posesión del “mortuorio” más importante entre los próximos a Langarica, el de San Quílez, San Quilis o San Gilis, pueblo desaparecido, en 1308, cuando fue entregado a Salvatierra como anexo a la iglesia monasterial de Ula y la ermita de San Jorge para que, con sus frutos, atendiese la villa a la reparación de las murallas. La reina Juana confirmó el patronato de San Quilez el 8 de diciembre de 1531 y el 26 de enero de 1532. En 1810, ante las urgencias provocadas por la invasión francesa, el Concejo de Langarica vendió al Cabildo eclesiástico sus derechos sobre el patronato. Otros despoblados o mortuorios cercanos serían los de Argiluz, los de Aba o Santiago del Llano y Luzcando o el de Abitona. Entre 1783 y 1790, el Concejo de Langarica afrontó un largo y penoso pleito con Salvatierra por el desmarcaje de mojones y el aprovechamiento de varios montes además del despoblado de Abitona (regulado por una sentencia arbitraria de 1452 firmada entre otros por Don Iñigo López de Mendoza y el Concejo de Langarica).

 Según el licenciado Gil la localidad de Langarica contaba en 1566 con una población integrada por veinte vecinos y se encontraba bajo la jurisdicción del Duque del Infantado. Navagiero decía en 1528 que muchos “de los lugares son del Duque del Infantado, que tiene, según dicen, por vasallos aquí más de cinco mil vecinos, y los demás pueblos son de otros señores”. En el viaje europeo de 1777 de José Viera y Clavijo, al salir por Álava, afirmaba que salieron a cumplimentarle “varias diputaciones del Solar de la Torre de Mendoza, y de los pueblos llamados de las seis hermandades, como vasallos del Estado del Infantado”. En los libros parroquiales de Gaceo, Langarica y Luzuriaga, a finales del siglo XVI, aparecen noticias sobre la presencia del euskera como única lengua prácticamente. Con motivo de los nuevos decretos dimanados del Concilio de Trento, el Obispo de Calahorra, Juan de Quiñónez, en 1565, decía a los curas que expusiesen los nuevos preceptos. Frecuentemente, en las localidades antedichas hubieron de declarar en “vascuence” lo que decía cada capítulo. En lo referente a los matrimonios, las nuevas normas aparecen reflejadas en las actas matrimoniales de algunas parejas de la época. Así ocurrió en las nupcias de Pedro García de Vicuña y María López de Langarica (del 17 de agosto de 1567) afirmando que “estanco casi los mas del pueblo presentes y les declare en bascuence el efecto y virtud grande del sacramento del matrimonio”. En la relación de los testimonios imprescindibles para confirmar la nobleza y así ingresar en la Orden de Santiago, en 1655, por Pedro López de San Román, los informadores se encontraron con el escollo de que una gran parte de los posibles testigos necesitaron de intérpretes para hacer sus declaraciones. El idioma natural de la mayor parte de la población seguía siendo a mediados del siglo XVII el euskera. En Langarica afirmaban que por haber pocos vecinos que supiesen la lengua castellana se nombró como intérprete a Juan Fernández de Ocáriz.

 En el recuento de población de 1570, ordenado por el Duque del Infantado y dirigido a hacer una leva de tropas destinadas a sofocar la rebelión de los moriscos en Granada, se mantiene la misma cuantía que indicaba Martín Gil. A mediados del siglo XVII ya se advierte un claro descenso al aparecer en Langarica un reducido grupo de pagadores de quince vecinos. Durante el siglo XVIII la población de Langarica se movió entre los quince y los diecinueve vecinos. En la siguiente centuria se advierte un pequeño incremento de la población de Langarica. El descenso de los ochenta y nueve habitantes censados en 1900 hasta los ochenta y seis de 1970 resulta, comparado con otras localidades de su alrededor, bastante limitado. A mediados del siglo XIX contaba con una escuela de primera enseñanza a la que acudían dieciséis niños de ambos sexos.

 La principal riqueza de Langarica se concretaba en la producción agrícola. Los productos más habituales eran el trigo, cebada, avena, maíz, yeros, habas, lentejas, mijo y las patatas. La cría de ganado vacuno, caballar y de cerda estaba dirigida básicamente a cubrir las necesidades de los labradores. En 1569 encontramos la probanza del pleito que sostuvieron los concejos de Langarica y Guereñu sobre el aprovechamiento de unos pastos situados en Santiago de Llano por el ganado cabrío de estas localidades. En sus términos se cazaban perdices, codornices y liebres. Y, a mediados del siglo XIX, esta documentada la presencia de un molino harinero que sólo trabajaba en invierno. La reducida cría de caballos y de ganado vacuno se acompañaba de la principal actividad productiva de esta zona: la explotación cerealística. A pesar de los índices positivos de principios del siglo XVI, la realidad es que la mayoría de los pequeños propietarios alcanzaban unos rendimientos productivos muy limitados. Tal era así que, con gran frecuencia, sobrepasaban con dificultad los niveles de subsistencia. A pesar de la presencia de un Arca de Misericordia, destinada a resolver los problemas de abastecimiento y, sobre todo, de la guarda de grano para la siembra, frecuentemente los agricultores de Langarica se veían obligados a tener que entrar en la llamada “espiral del crédito”, es decir, a pedir préstamos pecuniarios o en especie para mantener sus pequeñas haciendas. Habitualmente, una de las soluciones más manidas desde el siglo XVI hasta el XIX se concretó en la fundación, con ayuda de particulares, de un Arca de Misericordia donde los vecinos de estas localidades iban incluyendo pequeñas porciones de trigo a fin de poder utilizarlas cuando se produjesen malas cosechas o catástrofes naturales.

El aprovechamiento de montes y bosques se presenta como uno de los recursos más habituales en el equilibrio de estas economías de subsistencia. Por todo ello, una de las principales preocupaciones de las autoridades locales consistía en la defensa a ultranza de cualquier accidente que se pudiese producir en estos terrenos comunales. Los problemas sobre abusos cometidos contra los montes y bosques comunales de Langarica y otras localidades se presentan como uno de los problemas o circunstancias más comunes en estos pueblos. Entre 1626 y 1637, los concejos de Langarica, Gaceo y Salvatierra actuaron contra el de Chinchetru sobre la posesión del cerro alto llamado de Illarramendi, por los aprovechamientos comunales del lugar de Abitona y la posesión de los términos de Mendibitarte, Anguiluz y Santa Toya. A fin de evitar algunas de estas penosas y costosas disputas, las propias localidades intentaban definir claramente cuáles eran las zonas de estos espacios de aprovechamiento comunal que correspondían a cada uno de los pueblos usufructuarios. Las tierras comunales y los montes servían expresamente para financiar, siempre con ciertas dificultades, las necesidades de la enseñanza primaria en estas pequeñas localidades de la Llanada alavesa. Igualmente, los recursos forestales de los montes comunes de Langarica sirvieron durante varios siglos para financiar los gastos provenientes del reparo de los puentes y del camino del molino.

En este sentido, al igual que acaecía en un gran número de localidades rurales alavesas, desde fines del siglo XVI y hasta otro tanto del XIX, sus habitantes se vieron obligados continuamente a establecer diversas concordias concernientes a la explotación de los pastos existentes estos terrenos comunales. Básicamente, se trataba de disposiciones normativas encaminadas a regular los problemas derivados de las capturas y/o apresamientos de ganado que se encontraba alimentándose en lugares prohibidos para ellos. Langarica, la acusación dirigida por el Concejo de Salvatierra sobre el apresamiento de ganado realizado por el de Alaiza en el despoblado de Abitona al ser estimada como un abuso a la sentencia arbitraria que los usufructuarios de este despoblado habían acordado y firmado en 1452. De este modo, a lo largo de varios siglos, se fueron estableciendo continuos acuerdos sobre las penas y las prendarias del ganado mayor y menor. Otro problema habitual afectaba directamente a los incendios que se producían en los montes particulares y comunes de estas localidades. En 1819 se planteó un arduo enfrentamiento entre los ayuntamientos de Ezquerecocha y Chinchetru contra los de Gaceo y Langarica en relación al aprovechamiento de pastos comunales.

 Langarica tiene una iglesia parroquial bajo la advocación de la Concepción de Nuestra Señora servida por dos beneficiados a mediados del siglo XIX. El pórtico tiene un frontis neoclásico de construcción de sillería, con vanos rectangulares con dovelas y una pilastra al centro. La fábrica conserva algunos restos románicos del templo medieval mientras la iglesia actual es rectangular, con la cabecera oculta en parte por el cascarón que remata el retablo. Se considera que la reforma es de las primeras décadas del siglo XVI. Se volvió a modificar entre finales del XVIII y principios del XIX. La sacristía también es obra de finales del siglo XVI. Destaca la presencia de la Capilla del Carmen que muestra las armas de los Vicuñas y Luzuriagas. Cubierta con una media bóveda esquifada, esta capilla fue fundada por Don Pedro Sáez de Vicuña.

 No debemos olvidar que desde las torres de las iglesias alavesas se media el tiempo y las actividades tanto del campo como de lo espiritual de los habitantes de estas localidades. Hasta la llegada y, sobre todo, profusión del uso de los relojes desde estos campanarios se iban indicando los fallas de cada día. Las actividades sociales más frecuentes de estas pequeñas localidades también se indicaban y medían mediante el tañido de las campanas de estas iglesias (nacimientos, funerales, llamadas a misa, toques de difuntos, etcétera). Por último y no menos importante, la presencia de elementos o situaciones peligrosas (incendios, tormentas, accidentes) se informaban a través de este metálico sonido. También contaba la Condesa de Aulnoy, en 1692, que al cuidado de los caminos se añadía el de “repicar sin cesar las campanas para indicar a los viajeros los lugares a que pueden retirarse en caso de que el tiempo empeore”. La de Langarica data del siglo XVII. De planta cuadrada con dos cuerpos de mampostería y otro de sillería. Hacia los años cuarenta del siglo XVII se encargó la construcción de esta torre al cantero Pedro de la Cuesta.

El retablo, la Biblia de todos los oficios religiosos, el centro de las miradas de los feligreses, el espejo de la riqueza o de la austeridad de una u otra comunidad se presenta como uno de los ornamentos más relevantes de estas pequeñas iglesias. El retablo mayor es obra del siglo XVIII con sagrario bajo renaciente. Es un barroco ostentoso y bien dorado. Cuenta igualmente con varios retablos laterales dedicados a la Virgen del Rosario, a San José y el de San Ramón Nonato (en la capilla de los Vicuñas-Luzuriagas). En esta misma capilla de los Vicuñas-Luzuriagas puede contemplarse una pintura de la Virgen del Carmen del siglo XVII.

En cuanto a la platería, quizás junto al retablo uno de los elementos más suntuarios de estas iglesias parroquiales y, sobre todo, uno de los elementos que más podía atraer el interés poco bondadoso de los ladrones o de las tropas que, sobre todo durante el siglo XIX, recorrieron las tierras alavesas, cabe decir que durante la retirada de los franceses en 1813 se llevaron la plata y los ornamentos de la iglesia parroquial.

En las cercanías de Langarica también encontramos otros edificios importantes a la hora de entender la constante influencia de las creencias religiosas populares de los habitantes de estas localidades. No podemos nunca olvidar que estas ermitas eran unos lugares idóneos usados por contrabandistas, ladrones, gitanos, buhoneros, etcétera que buscaban refugio en ellas con fines bien dispares. Esto es, unos para huir de la justicia y otros para refugiarse de la acción de los malhechores. En la visita de 1556 se hablaba de la presencia de las ermitas de Santa Marina y San Quirce. A la de Santa Marina, en 1670, se le aplicaban nueve fanegas y media provenientes del Arca de Misericordia. A finales del siglo XVIII la situación de esta ermita comenzó a deteriorarse y poco después deja de quedar constancia de la misma.
 
Apartado biográfico

GARCÍA DE VICUÑA, Pedro (Siglo XVII): Soldado.
Natural de Langarica. En Vitoria, el 28 de agosto de 1646, se presentó la tropa reclutada por las autoridades alavesas, cien infantes, y destinada durante tres meses a Lérida a fin de acabar con la rebelión catalana. Éste acudió como soldado por la Hermandad de Iruraiz.

GAVIRIA, Francisco de (Siglos XVII-XVIII): Alcalde de Hermandad.
Natural de Langarica. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 21 de noviembre de 1690 se le tomó juicio de residencia por su actuación en el empleo de Alcalde de la Hermandad de Iruraiz (junto a los de Valdegovía e Iruraiz).

LÓPEZ DE LANGARICA, Ambrosio (Siglos XVI-XVII): Alcalde de Hermandad.
Natural de Langarica. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 15 de noviembre de 1584 se le confirmó en el empleo de Alcalde de la Hermandad de Iruraiz (junto a los de Barrundia, Guevara, Los Huetos y Aríñez).

LÓPEZ DE LANGARICA, Francisco (Siglo XVI): Alcalde de Hermandad.
Natural de Langarica. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 18 de noviembre de 1557 se le confirmó en el empleo de Alcalde de la Hermandad de Iruraiz.

LÓPEZ DE LUZURIAGA, Félix  (Langarica, 1756- ¿?): Escritor
Escritor de la Llanada alavesa, autor de una colección de manuscritos sobre temas religiosos. Su obra consta de once sermones o predicaciones de cuaresma. Durante la Guerra de la Convención (1793-1795) se dedicó al cuidado de personas enfermas y heridas en los hospitales de Elizondo, Marcilla y Bertizarana.

SÁEZ DE VICUÑA, Pedro (¿?-¿?)
Fundador de la Capilla de los Vicuña-Luzuriaga o del Carmen. Casado con María López de Luzuriaga murió en 1656. Era hijo de Juan Sáez de Vicuña y Catalina de Añúa.

VICUÑA, Juan Antonio de (Siglo XVIII): Procurador General de Hermandad.
Natural de Langarica. En las Juntas Generales celebradas en Vitoria el 25 de noviembre de 1718 se le nombró Procurador General de la Hermandad de Iruraiz.
 
Apartado documental: fuentes de archivo y bibliografía

Bibliografía

MADOZ, Pascual: Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus Posesiones de Ultramar. Madrid, 1845-1850.
ORTIZ DE ZÁRATE Y GALARRETA, Ramón: Compendio Foral de la Provincia de Álava. Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1983.
OTSOA DE ALDA, Jabi y BREÑAS GONZÁLEZ DE ZÁRATE, Estibalitz: Antecedentes del Euskera en Álava. Vitoria, Geu, 2002.
PALACIOS MENDOZA, Victorino: Patrimonio arquitectónico en la Cuadrilla de Salvatierra: elementos menores. Salvatierra, Cuadrilla de Salvatierra, 2002.
PASTOR DÍAZ DE GARAYO, Ernesto: Salvatierra y la Llanada oriental alavesa, (siglos XIII-XV). Vitoria, Diputación Foral de Álava, 1986.
PORTILLA VITORIA, Micaela Josefa y alii: Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria. Tomo V. La Llanada Occidental. Vitoria, Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, 1975.
POZUELO RODRÍGUEZ, Felipe: Documentación municipal de la Cuadrilla de Salvatierra: municipios de Asparrena y Zalduondo (1332-1520). Donostia, Eusko Ikaskuntza, 2001.
SANTOYO, Julio César: Viajeros por Álava (siglos XV a XVIII). Vitoria, Caja de Ahorros Municipal de Vitoria, 1972.

Fuentes de archivo

(A)rchivo de la (R)eal (CH)ancillería de (V)alladolid. Pleitos Civiles. Escribanía Fernando Alonso. Caja nº 960/4.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Wals. Caja nº 1.288/8. Legajo nº 275.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº  2378/1
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº 2380/1.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº  3785/1.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº  3786/1.
ARCHV. Pleitos Civiles. Escribanía Zarandona y Balboa. Caja nº 3789/1. Legajo nº 703.
(A)ctas de (J)untas (G)enerales de (Á)lava. Libro nº 7. Fol. 16r.
AJJGGA. Libro nº 5. Fol. 112v.
AJJGGA. Libro nº 13. Fols. 72r.-77r.
AJJGGA. Libro nº 20. Fol. 68v.
AJJGGA. Libro nº 27. Fols. 53v.-54r.




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